LA LUCHA CONTRA LA EPIDEMIA DEL VIH-SIDA EN EL MARCO DE UNA ESTRATEGIA DE “TURISMO RESPONSABLE”
Ernest Cañada* Associació Ciutadana Anti-Sida de Catalunya
La lucha contra la epidemia del VIH-SIDA progresivamente afronta nuevos retos y, a su vez, nuevos paradigmas de intervención. Un de los factores de riesgo que en los últimos tiempos han destacado más en la literatura científica por su importancia es el de la movilidad poblacional, ya sea motivada por cuestiones laborales como por ocio; tenga carácter fugaz, temporal o permanente. Como factor de riesgo la movilidad poblacional implica tanto a las personas que se desplazan como a las poblaciones que los reciben. Nos referimos tanto a las migraciones como al turismo. En este sentido, desde la Fundación Nimehuatzin de Nicaragua se ha insistido en que cuando se hace referencia a las poblaciones móviles no uede reducirse su identificación a los camioneros o las trabajadoras sexuales con las que ellos se relacionan, como muchas veces se hace, considerando que esto no sería más que una ampliación del concepto limitado de grupo de riesgo, clásico en la epidemiología de las ETS. Al contrario, se argumenta que la movilidad afecta al conjunto de la población relacionada de una u otra forma con dicho fenómeno.
Desde esta perspectiva el turismo aparece como un ámbito clave en el trabajo de prevención y empoderamiento de la población frente a la epidemia del VIH-SIDA. Tradicionalmente se ha planteado la relación entre turismo y VIH-SIDA desde el prisma de los riesgos que supone el “turismo sexual”, tanto para turistas como para las poblaciones anfitrionas. A pesar de la importancia de esta atención, la relación entre turismo y VIH-SIDA no sólo no se agota ahí sino que cada vez resulta más urgente abordarla de forma global y en relación con el conjunto de la población que, de forma permanente o temporal ocupa un determinado territorio turístico. Concentrarse únicamente en los riesgos del “turismo sexual” puede acabar siendo estigmatizante con la actividad turística asociada a unos determinados destinos y, a su vez, ocultar otras situaciones de riesgo. De este modo, entendemos que es necesario fijar la atención del trabajo de prevención tanto en aquellas relaciones que se articulan desde la desigualdad, como es el caso del “turismo sexual”, como de otras en las que el factor riesgo no está necesariamente asociado a este factor de desigualdad. En el caso del turismo sexual, el riesgo parece claro. En este tipo de situaciones es fácil que determinados turistas planteen la relación sexual de tipo comercial desde una posición de dominación, imponiendo prácticas de riesgo, como sexo penetrativo sin preservativo. La situación de pobreza de muchos países del sur, hace que las estrategias de desarrollo económico basadas en el turismo sitúen a sus poblaciones en una situación de enorme vulnerabilidad frente a la epidemia del VIH-SIDA.
Por otra parte, sin embargo, la relación entre turismo y sexualidad no sólo, ni necesariamente, se plantea desde estos parámetros. El turismo está también asociado a la idea de ocio y diversión y, por tanto, a la posibilidad de acceder a contactos sexuales de carácter esporádico entre iguales, sin que medie una relación de desigualdad. El riesgo está en que en estos contactos, fuera del contexto habitual del turista, no se mantengan prácticas de sexo seguro y que la persona, por la misma situación de novedad y excepcionalidad, relaje sus medidas de prevención.
De este modo, desde ACASC y el marco del trabajo desarrollado dentro de la Red por un Turismo Responsable, planteamos la necesidad de que la intervención ante el VIH-SIDA en contextos asociados al turismo se diseñen dentro de una estrategia recogida en la propuesta de “turismo responsable”.
A continuación expondremos por qué nace esta propuesta de “turismo responsable” y en qué consiste, para volver después a la especificidad de la lucha contra la epidemia del VIH-SIDA.
El desarrollo del turismo en los países del sur
Durante los últimos años, en muchos países del sur se plantea como vía de desarrollo y crecimiento económico la especialización en sectores como la industria maquiladora o el turismo. Esta especialización, a pesar de atraer inversiones y generar puestos de trabajo, no deja de comportar riesgos, fundamentalmente la vulnerabilidad respecto del exterior. La experiencia de los diferentes ciclos de especialización en monocultivos de exportación (algodón, café, etc.) así lo evidencia. Por otro lado, la presencia de la industria turística en muchos países del sur ha comportado efectos negativos desde múltiples puntos de vista: medioambiental (destrucción de parajes naturales, presión para el uso del agua,…), social (precarización de las condiciones laborales, dificultades para la acción sindical, presión en el acceso a tierras de propiedad campesina…), a nivel de género (turismo sexual, desigualdad en la distribución de la carga laboral que supone una actividad turística,…), cultural (pérdida de identidad cultural, folklorización y mercantilización de los trazos culturales distintivos,…).
El turismo sostenible en un contexto de conflicto social
Ante alguno de los efectos más perniciosos del desarrollo turístico tradicional, han aparecido en los últimos años otras formas de concebir dicha actividad. Desde la Organización Mundial del Turismo (OMT) se empieza a hablar de TURISMO SOSTENIBLE, a partir de la definición de desarrollo sostenible del Informe Brundtland. En este sentido se afirma que: “el desarrollo del Turismo Sostenible responde a las necesidades de los turistas y de las regiones anfitrionas presentes, mientras protege las oportunidades de futuro. Está enfocado hacia la gestión de todos los recursos para satisfacer todas las necesidades económicas, sociales, y estéticas, respetando paralelamente la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas de apoyo de la vida.”
El Turismo Sostenible no hace referencia a ninguna forma de turismo específica. No hay un modelo de Turismo Sostenible aplicable universalmente, en la medida en que el impacto del turismo varia en función de las características de la sociedad anfitriona y de su contexto. En cambio, parece evidente que hay modelos turísticos que, sean cuales sean las características sociales, económicas y medioambientales de la zona de destinación, siempre son insostenibles: el turismo masificado, el turismo sexual, etc.
El problema, sin embargo, no consiste sólo en considerar que el turismo puede ser un motor de desarrollo al que se le deban incorporar ciertos mecanismos correctores ante los riesgos que comporta. Se trata de una cuestión previa: el turismo, como cualquier sector generador de beneficios, es también un espacio de conflicto social entre sectores y grupos sociales con intereses diferentes y contrapuestos. Por tanto, cuando analizamos el papel que puede tener el turismo como factor de desarrollo en los países del sur, habrá que tener en cuenta, concretamente, las características que tiene dicha actividad, a quién beneficia, quién la controla, cual es su papel en relación a otras actividades productivas.
El Turismo Responsable como movimiento en favor del Turismo Sostenible
Ante esta situación, desde la Red para un Turismo Responsable, una plataforma impulsada por las organizaciones no gubernamentales ACASC, SODEPAU y la Xarxa de Consum Solidari, se comienza a hablar de TURISMO RESPONSABLE como movimiento, como una acción colectiva a favor de un Turismo Sostenible. A partir del reconocimiento de aquello que se está haciendo, especialmente en países como Alemania, Italia o la India y de forma incipiente en Cataluña y otros lugares del Estado español, la Red para un Turismo Responsable define el Turismo Responsable como un movimiento que plantea:
a) La búsqueda de modelos de desarrollo turístico sostenible y específico para cada zona de destino y que, por ello, debe tener en cuenta sus variables sociales, económicas y medioambientales
Como ya ha sido explicado, no existe un modelo de turismo sostenible que pueda ser implantado universalmente. Además de las características intrínsecas del modelo, su sostenibilidad depende también de otros dos factores: las características socioeconómicas, políticas, medioambientales y culturales de la comunidad anfitriona así como el contexto en el que se desarrolla. Una evidencia de esta idea es que réplicas de experiencias llevadas a cabo en ámbitos diferentes al original han supuesto claros fracasos.
Por ello, el desarrollo sostenible del turismo no puede basarse en la aplicación de modelos prefabricados, sino que supone un proceso de análisis previo al establecimiento de un modelo concreto.
Este modelo debe establecerse a partir de unos indicadores que marquen cuál es la capacidad de carga turística del lugar de destino. La “Capacidad de carga turística” se define como el máximo nivel de uso que se puede realizar de los recursos sociales, culturales, económicos y naturales por parte de la actividad turística sin poner en peligro su sostenibilidad. También es un concepto que debe tener en cuenta ciertos factores subjetivos: a pesar de que materialmente los indicadores establezcan que la actividad es sostenible, la percepción de la población anfitriona puede ser contraria a ello.
Finalmente, tendríamos que señalar que el desarrollo turístico tiene sus propios instrumentos técnicos, igual que otros sectores de incidencia social como el desarrollo agropecuario, sanitario o educativo. Para trabajar en este ámbito es necesario su conocimiento. El escaso trabajo hecho por las ONG del Estado español en lo que se refiere al desarrollo turístico hace que en ocasiones la tarea sea coordinada por especialistas en otros ámbitos, que desconocen los propios instrumentos e idiosincrasia del fenómeno turístico.
b) La denuncia de los impactos negativos que el turismo genera y la acción de solidaridad con los colectivos afectados
Si bien no hay modelos de desarrollo turístico sostenibles “per se”, sí hay modelos que, sea cual sea el contexto y las características del lugar y la población anfitriona, siempre son insostenibles. El turismo internacional que tiene como objetivo establecer relaciones sexuales con menores, que desestructura sociedades, familias y el proceso de crecimiento lógico de la personalidad, o el turismo masificado o de lujo que supone una sobreutilización de los recursos naturales o la desviación respecto de su uso tradicional, son ejemplos bastante conocidos de modelos turísticos siempre insostenibles.
Al mismo tiempo también lo son otros que son etiquetados como “alternativos”: turismo de tipo “étnico” desarrollado en zonas fuera del recorrido turístico clásico donde la población autóctona no participa en la gestión del recurso, recibe una parte ínfima de los beneficios y tiene un papel pasivo, como un elemento más del paisaje; turismo deportivo y de aventura que hace un uso insostenible de los recursos naturales; etc. Igualmente, turismo no sostenible es aquel que no respeta los derechos de los trabajadores o no les ofrece unas condiciones laborales dignas.
El Turismo Responsable también supone la denuncia de estos modelos turísticos y el apoyo a personas, organizaciones sociales y/o instituciones de los lugares de destino que luchan contra ellos.
c) El reclamo de responsabilidad de los turistas, tour-operadores y empresas, instituciones y población anfitriona a la hora de favorecer modelos turísticos sostenibles
El tercer ámbito de trabajo del Turismo Responsable es el de la sensibilización a todos los agentes que participan en la actividad turística. Los turistas deben saber que no son agentes inocuos, sino que su presencia impacta en las sociedades y lugares de destino y que, por tanto, su actitud es importante para la sostenibilidad o no de la actividad desarrollada. Como consumidores, además, tienen la capacidad de influir en las ofertas turísticas que hay en el mercado.
Igualmente, los tour-operadores y empresas turísticas, así como las instituciones públicas, establecen o participan directamente en el establecimiento de modelos turísticos, razón por la cual su responsabilidad es esencial. Además de reclamarla, es necesario generar en estos ámbitos una cultura que no valore los recursos (naturales, humanos y técnicos) por su aprovechamiento a corto plazo.
Finalmente, la población anfitriona tiene un papel muy importante en la actividad turística, a la hora de reclamar su participación en la gestión de una actividad que utiliza sus recursos. Es igualmente importante la sensibilización contra las expectativas que muchas veces genera el turismo, como una actividad que genera beneficios sin valorar sus repercusiones, y que facilita los procesos especulativos de los recursos locales.
Acciones a favor de un Turismo Responsable desde las ONGD
Tradicionalmente, las ONGD del Estado español, a diferencia de otros países, no han prestado una excesiva atención al fenómeno del desarrollo turístico. No ha sido hasta estos últimos años que, de forma incipiente y por diferentes vías, han comenzado a trabajar en ello. Algunas han iniciado proyectos de cooperación. Otras se han visto obligadas a reflexionar sobre el fenómeno a partir de la demanda de las comunidades locales con las que trabajan en los países del sur, que veían cómo el turismo incidía cada vez más en su vida cotidiana. Ha habido casos en los que la colaboración con otras ONGD europeas ha abierto espacios de trabajo en la incidencia sobre el sector turístico. Un caso a parte es el de los viajes o las estancias solidarias. A pesar del volumen y la implantación en el sector, son pocas las ONGD que han hecho una reflexión sobre la relación existente entre este tipo de actividad y el turismo.
Sin embargo, las ONGD no podemos quedarnos al margen del fenómeno turístico o sólo intervenir de forma aislada y puntual. Contrariamente, tenemos un espacio de acción social específico en la configuración de un movimiento a favor de un Turismo Responsable. Entre otros, este trabajo se podría articular en torno a los siguientes ejes:
Apoyar, a través de proyectos de cooperación, experiencias de turismo en países del sur gestionadas y controladas por la población local, especialmente de población rural, como una vía de diversificación y complementariedad de sus ingresos, no de forma substitutiva. Apoyar iniciativas de estudio y evaluación del impacto de las actividades turísticas. Generar y sistematizar instrumentos teóricos y técnicas de análisis, gestión y ejecución de intervenciones de cooperación en el ámbito turístico. Realización de viajes a pequeña escala que supongan una contribución a iniciativas de actividad turística gestionada por colectivos o grupos locales de los sectores más desfavorecidos.
En relación a la denuncia de los impactos negativos que el turismo genera y la acción de solidaridad con los colectivos afectados:
Incrementar el control de las inversiones turísticas de capital catalán y español en los países del sur de tal forma que se realicen de acuerdo a criterios de sostenibilidad a nivel global (desde los puntos de vista medioambiental, sociolaboral, etc) Apoyar las iniciativas de presión llevadas a cabo por la sociedad civil ante prácticas insosteniblesm y emprender campañas de información, denuncia y solidaridad ante situaciones de turismo insostenible como, por ejemplo, ante situaciones de “turismo sexual”, o de vulneración de los derechos laborales.
En relación al reclamo de responsabilidad de los diferentes sectores presentes en la actividad turística:
Sensibilizar, tanto a turistas como a los diferentes sectores implicados en la actividad turística, en los criterios de sostenibilidad y responsabilidad. Aprovechar los viajes organizados por las mismas ONGD como espacios de sensibilización de los turistas. Apoyar iniciativas de debate y comunicación entre el sector turístico, Administración y ONGD.
La lucha contra el VIH-SIDA en un contexto turístico
La propuesta del “turismo responsable” nos ofrece a las organizaciones que centramos nuestra atención en la lucha contra el VIH-SIDA de una estrategia de acción global en el este ámbito. Nuestro compromiso no puede reducirse, por importante que sea y que hay que seguir haciendo, a la denuncia del “turismo sexual” sino que debe intervenir en el conjunto de la actividad turística, porque es desde su globalidad que tiene mayor sentido el trabajo de prevención de la epidemia. Y en este sentido es importante también ayudar a construir alternativas de desarrollo turístico de carácter sostenible, desde los distintos puntos de vista, para los países empobrecidos en el marco de estrategias globales de desarrollo.
Managua-Barcelona, agosto 2004
* Ernest Cañada es Coordinador del Área de Cooperación Internacional de la Associació Ciudadana Anti-Sida de Catalunya (ACASC). Desde principios del año 2003 ACASC forma parte de la Red por un Turismo Responsable, conjuntamente con SODEPAU y la Red de Consumo Solidario. Puede consultarse la página web de la Red por un Turismo Responsable en: www.turismo-responsable.org.
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