
La prostitución crece en torno a los grandes eventos deportivos. Un negocio paralelo y oculto que, en el caso de Sudáfrica, conlleva riesgos. Se estima que una de cada dos trabajadoras sexuales del país tiene VIH
Algunos lo utilizan para celebrar el triunfo de la selección de fútbol a la que apoyan. Otros, para consolarse tras la eliminación de su equipo. Y muchos, simplemente por diversión. El sexo de pago es un negocio paralelo que acompaña a la celebración de grandes eventos deportivos, como el Mundial de Fútbol que acaba de comenzar en Sudáfrica. Toda una industria de ocio carnal que crece al calor de las multitudes que acuden a los estadios y en la que prostitutas e hinchas se rondan mutuamente. Ocurrió en las Olimpiadas de Atenas en 2004 y en el pasado Mundial de Alemania 2006, adonde viajaron mujeres de distintos países para satisfacer, por unos cuantos euros, las necesidades de los aficionados, y sucederá con esta competición. Pero las ONG y algunas autoridades ya han avisado del riesgo que corren quienes opten por esta forma de calmar los ánimos. El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) les acecha.Sudáfrica es el país del mundo con mayor cantidad de afectados por el VIH. Los últimos datos oficiales de ONUSIDA, el organismo de Naciones Unidas que lucha contra esta enfermedad, recogen que 5,7 millones de ciudadanos viven con el virus en este lugar, donde 1.400 personas se infectan cada día. Y si hay un grupo vulnerable es el de las mujeres y, especialmente, el de las trabajadoras sexuales. Mientras la prevalencia de la infección llega al 18% en la población sudafricana de entre 15 y 49 años, la cifra sube al 30% en el caso de las prostitutas, que tratarán de sacar el máximo provecho del casi medio millón de aficionados -unos 20.000 españoles- que se desplazarán a Sudáfrica para presenciar los partidos. «Es evidente que muchos visitantes combinarán fútbol y turismo con el sexo de pago. Y, si no se toman medidas, el VIH se propagará a sus anchas», afirma Marlise L Richter, de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, y autora de un estudio que relaciona el Mundial y la prostitución.El Departamento de Salud sudafricano ha confirmado que distribuirá alrededor de 70 millones de preservativos para proteger de esta amenaza para la salud. Pero aun así, algunos gobiernos, como el holandés, conscientes del peligro, han recomendado a sus ciudadanos que lleven sus propios condones, por si acaso los suministros oficiales se quedan cortos o llegan tarde. /Sigue en página 14La propia FIFA (Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol), pese a las críticas que ha recibido esta semana por parte de algunas ONG locales que la han acusado de bloquear la distribución de profilácticos en las zonas donde se concentran los aficionados, reconoce a Eureka que «estas imputaciones son falsas» y que son muy conscientes de la situación del sida en Sudáfrica. Por eso, «apoyamos todos los programas emprendidos por el gobierno del país para luchar contra la enfermedad, entre ellos los que contemplan el reparto de condones y folletos informativos sobre el VIH», confirma Pekka Odriozola, responsable de comunicación del organismo deportivo. «Hemos instalado carpas en los estadios y fan zones para repartir medicinas básicas, crema solar y, por supuesto, preservativos e información sobre el sida, al igual que hicimos el año pasado en la Copa Confederaciones», aclara Federico Addiechi, director de Responsabilidad Social de la FIFA. «Incluso en nuestra delegación de Johanesburgo hemos aumentado las máquinas de condones».Addiechi explica que «los problemas que hay en un país antes de la celebración de estos eventos permanecerán cuando acabe el mismo, por lo que el trabajo por cambiar las cosas debe ser a largo plazo». Y uno de los grandes problemas de Sudáfrica es la epidemia de sida que la asola, el estigma y la marginación que sufren los seropositivos, el escaso uso del condón, la falta de tratamiento para todos los que lo necesitan -tan sólo el 40% de los infectados tiene acceso a los fármacos antirretrovirales- y, sobre todo, el riesgo al que están expuestas las mujeres, que son tres veces más vulnerables al virus. Según ONUSIDA, el coito heterosexual sigue siendo la fuerza impulsora de la epidemia en África y el comercio sexual desempeña un notable papel en esta expansión del VIH. «Está claro que durante el Mundial aumentará el número de prostitutas. Es una oportunidad de ganar dinero para sus familias. Y si el cliente ofrece más cantidad por tener sexo sin protección es muy probable que ellas acepten. Pero hay que ser muy estúpido para arriesgarse a hacerlo sin condón. Todo el mundo sabe que el VIH está ahí y algunas estimaciones señalan que una de cada dos prostitutas está infectada, así que las posibilidades de transmisión son altas», comenta desde Sudáfrica el doctor Eric Goemaere, coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el país. Ante los mensajes de precaución que se han lanzado con motivo de la celebración del primer Mundial en suelo africano, las propias prostitutas se han manifestado en Ciudad del Cabo para exigir sus derechos y defender la práctica del sexo seguro, ya que temen que este debate sobre el virus ahuyente a los clientes y que las expectativas que habían puesto en este Mundial no se cumplan. ¿LEGALIZACIÓN? Además de jugar cara a cara con el VIH, los hinchas que apuesten por el sexo de pago podrían tener problemas con las autoridades. La prostitución es ilegal en África y la policía ya ha advertido de que no dudará en arrestar a los extranjeros a los que pille con meretrices. Precisamente, la ilegalidad y la criminalización del trabajo sexual deja más expuestas a estas mujeres. «Las prostitutas son, a menudo, marginadas y encuentran múltiples barreras para acceder a los servicios de salud, a las pruebas para detectar infecciones de transmisión sexual y para recibir tratamiento», argumenta Richter en su estudio, publicado en Globalization and Health. «Muchas veces, estas trabajadoras sufren violencia por parte de los clientes, pero como se dedican a un oficio ilegal no se atreven a denunciarlo a la policía. Tampoco tienen fácil convencer a los hombres de que usen preservativo, porque temen una reacción agresiva o, lo que es peor para ellas, que se vayan y las dejen sin servicio y, por tanto, sin dinero», añade. Aunque en Sudáfrica la proporción de adultos que reconoció haber usado preservativo durante una relación sexual pasó del 31,3% en 2002 a un 64,8% en 2008, según el informe de ONUSIDA, todavía muchos se resisten a usarlos.«Lleva mucho tiempo hacer comprender a la gente la importancia que tiene la prevención, tanto el uso de condones como la realización de las pruebas para detectar el VIH. Hay que informarles de que la transmisión del sida se puede evitar pero, que si llegan a infectarse, necesitarán tomar un tratamiento de por vida. Si es difícil que estos mensajes calen en las grandes ciudades, más aún en las áreas donde trabajan las prostitutas», reconoce Goemaere.La pobreza nunca ha disuadido a los hombres para que dejen de frecuentar prostitutas. Por algo, la reconocida como la profesión más antigua del mundo, sigue vigente. Con motivo de la llegada del Mundial a Sudáfrica, algunos políticos del continente han abierto el debate de la posible legalización de este oficio. Al menos de forma temporal, durante el tiempo que dure la competición futbolística. Lo ha manifestado públicamente un senador de Suazilandia y se han sumado a la causa otros colegas. Pero, de momento, no hay ninguna reforma legal en marcha. FALSAS CREENCIAS. Uno de los grandes obstáculos que encuentran las ONG que luchan contra el sida en este continente es que tienen que desmentir y echar por tierra los mitos y las concepciones erróneas que durante mucho tiempo han circulado por África y que, apoyadas por el anterior gobierno de Thabo Mbeki, están muy arraigadas en la comunidad. Una de estas mentiras pregonaba que los antirretrovirales eran dañinos para la salud y que, para curar la enfermedad, había que recurrir a un cóctel de ajo, limón, remolacha y aceite. Esta receta, propuesta por el ex presidente y por su ministra de salud, ya fallecida, Manto Tshabalala -apodada doctora Remolacha precisamente por inventar este mejunje- aún se usa en algunas casas donde viven seropositivos, al igual que algunos hechizos y ritos mágicos para aliviar los síntomas.«La leyenda del ajo y la remolacha no se acaba de ir. Los políticos anteriores hicieron mucho daño con sus creencias y doctrinas. Muchos seropositivos dejaron de tomar los medicamentos porque creían a pies juntillas lo que decía el presidente de su país. Y estos remedios siguen utilizándose en las zonas rurales y también se anuncian en urbes como Ciudad del Cabo. Lo bueno es que ya no son promovidas por el Gobierno actual de Jacob Zuma», confiesa Eric Goemaere.La esperanza de vida en Sudáfrica no pasa de los 50 años, nueve menos que hace una década. El sida es uno de los responsables de este descenso y la política seguida en este periodo contra la enfermedad tampoco ha ayudado. Según un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), el país podría haber prevenido 365.000 muertes prematuras si hubiera implantado programas de prevención y hubiera facilitado los fármacos antirretrovirales necesarios a tiempo. CAMPAÑAS. Con motivo de este evento deportivo, con los ojos de todo el mundo puestos en Sudáfrica, muchas ONG quieren aprovechar la coyuntura para sacar a la luz la realidad del sida en el país. «Se trata de una oportunidad única para conocer el VIH y sus causas y movilizar a la población para exigir políticas coherentes», dice la ONG InspirAction. Mientras miles de hinchas estén animando a sus equipos en los estadios, otras miles de personas se estarán infectando por el VIH fuera de ellos. En los 90 minutos que dura un partido, 80 niños nacerán con el virus, cuando esta vía de transmisión se puede evitar con un simple fármaco. «Se estima que Sudáfrica debería destinar anualmente 1.500 millones de dólares (unos 1.200 millones de euros) a la prevención y tratamiento del VIH. Sin embargo, mientras el 40% de los adultos con VIH sigue sin terapia, el gobierno ha invertido cerca de 4.000 millones de dólares (3.300 en euros) en adecuar infraestructura y construir nuevos estadios», critican desde esta organización.Junto a las ONG, los futbolistas también quieren aportar su granito de arena a esta causa. El ex capitán de la selección de Alemania, Michael Ballack, como embajador de buena voluntad de ONUSIDA, ha implicado a los capitanes de otros equipos en una campaña para prevenir que las madres transmitan el virus a sus hijos durante el embarazo y el parto. Recuerdan datos como que cada año, 430.000 bebés nacén con VIH, el 90% de ellos en África, y que el sida y sus enfermedades relacionadas son la principal causa de muerte de las mujeres en edad reproductiva en el mundo.También la FIFA hace campaña contra el sida. Pekka Odriozola, su portavoz, confirma que «se han construido 20 centros de educación y salud pública con motivo de la celebración del Mundial». Especialmente destinados a niños y jóvenes, estos centros, que se engloban bajo el lema de Fútbol para la Esperanza, tratan de alejarlos del patógeno que ha arruinado la vida de muchas familias que ellos conocen, e incluso las suyas propias, pues más de 14 millones de niños en África han perdido a uno o ambos progenitores por culpa de la enfermedad. Los más afortunados viven con los abuelos. Los otros, en orfanatos o en la calle. .PRIMER APOYO#LAS TRABAJADORAS SEXUALES OPINAN Están en boca de todos. De las ONG, de los gobiernos y de los turistas. Pero ellas, las meretrices, las que monopolizan casi tantas conversaciones como los jugadores de los equipos que disputarán el Mundial, también tienen algo que decir. Mientras las autoridades sanitarias recomiendan a los aficionados que no las frecuenten, ellas piden lo contrario y temen que los mensajes que se han lanzado en los últimos días, alertando del peligro que supone el sida, les arruinen un negocio que se prometía boyante antes de tales advertencias. Por eso, se han manifestado para reclamar sus derechos, para pedir unas condiciones de trabajo seguras y, sobre todo, para exigir a sus clientes potenciales el uso del preservativo. Y, entre tantas opiniones, emergen las cifras, que no dejan lugar a discusión. La mitad de las nuevas infecciones que se registran cada año en el país se da en mujeres. Y el sexo sin protección es la vía más frecuente por la cual el virus se está propagando sin freno entre las féminas..SEGUNDO APOYOSUSAN, SEROPOSITIVA #«Estoy enfadada con mi marido por haberme hecho esto»Susan Amato tiene 20 años tristes, la mirada perdida y un futuro desolador por delante. En 2008 le dijeron que tenía el VIH, un regalo envenenado que le pasó su marido, a quien se lo transmitió alguna de las mujeres que frecuentaba en la carretera, a espaldas de su esposa. Su historia es una de tantas. El día a día de muchas mujeres africanas, que sufren las nefastas consecuencias de los arriesgados comportamientos sexuales de sus maridos, que se desahogan con cualquiera, sin precauciones, y luego vuelven al lecho conyugal como si nada. «Estoy muy enfadada con él por haberme hecho esto. Tengo miedo, por mí y por mi hija. Sé que necesito tratamiento de por vida, pero no tengo dinero ni medios para conseguirlo. Vivo con la familia de mi esposo en un campo de refugiados en Uganda, pero él nunca está. Me paso el día sola, trabajando en el campo», confiesa Susan. La salud de su pequeña Brenda, de siete meses, la tiene en vilo. No sabe si también tiene el virus. Aunque, de momento, ya ha enfermado de malaria, una mala señal.
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La lluita contra l’epidèmia del VIH-sida afronta progressivament nous reptes i, alhora, nous paradigmes d’intervenció.