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1.- INTRODUCCIÓN

A principios de la década de los ochenta aparece un nuevo fenómeno patológico, inicialmente detectado en los Estados Unidos y poco más tarde en Europa, que por sus especiales características se convierte muy rápidamente en centro de atención de los servicios de salud, de las organizaciones sanitarias y de la opinión pública mundial. En algo menos de dos décadas el retrovirus identificado como Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH-1 y VIH-2) deja de ser un mero hallazgo biológico para saltar al primer plano del interés y preocupación social.
Como es sabido, el VIH actúa de forma solapada destruyendo las defensas inmunitarias del organismo infectado a lo largo de un período asintomático relativamente largo. Más tarde, sus efectos se manifiestan por medio de cuadros clínicos atribuibles a una treintena de enfermedades específicas, infecciones comunes o procesos cancerígenos.

En octubre de 1980 el Dr. M. S. Gottlieb y sus colaboradores detectaron en Los Angeles cinco casos de neumonía asociada a una deficiencia en los linfocitos CD4. Algo más tarde, el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta - Centers for Disease Control CDS - alertó del súbito y anormal incremento de la incidencia del sarcoma de Kaposi en varones jóvenes de las ciudades de New York y San Francisco. La extrañeza ante estos casos llevó a vigilar atentamente la aparición de nuevos signos de alarma. Inicialmente, a la anomalía en la aparición de estos casos se unió una circunstancia decisiva en la historia de la infección por VIH, el hecho que los afectados de California y New York fueran homosexuales. Pese a que muy pronto estas infecciones y tumoraciones anormales afectaron también a varones heterosexuales y mujeres, la literatura comenzó a usar nombres como, plaga gay, cáncer gay, neumonía gay o inmunodeficiencia asociada a la homosexualidad - (Gay related Immune Deficiency) GRID-.

Los datos epidemiológicos revelaron rápidamente una extensión del fenómeno. En 1982 estos casos "anormales" afectaban a más de 200 personas y desbordaban los enclaves iniciales así como los grupos afectados comenzaban a darse casos en heroinómanos, y se detectaron los primeros casos en hemofílicos sometidos a tratamiento. Así mismo, las investigaciones realizadas por organismos como la OMS dieron como resultado la constatación de casos similares en todo el mundo. Comenzó, entonces, a tomar cuerpo la idea de que detrás de la incipiente plaga podría estar un virus que actuara de forma similar al de la hepatitis B.

En septiembre de 1982, el Centers for Disease Control acuñó un término más neutro para definir el conjunto de cuadros vinculados a la deficiencia inmunológica. Actualmente el AIDS - Acquired Immune Deficiency Syndrome - o el SIDA - Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida - en lenguas románicas, son las denominaciones adoptadas universalmente. El avance en la definición del conjunto de síntomas que identificaban la enfermedad posibilitó la delimitación de grupos de riesgo y la determinación de incipientes medidas de actuación en salud pública. Con todo, en 1988 el SIDA llegó a ser la principal causa de muerte entre los hombres y mujeres de 23 a 34 años en la ciudad de New York.

En 1983 Luc Montagnier del Institut Pasteur de Paris logró identificar el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), algo más tarde Robert Gallo del National Cancer Institute de EEUU logró también aislar el virus. A lo largo de diez años, ambas institutciones protagonizaron una lamentable disputa en relación a la paternidad del descubrimiento que finalmente se saldó con el reparto de los derechos de patente sobre el VIH entre el Institut Pasteur y el National Institute for Health. Con el hallazgo del virus, el acróstico A.I.D.S./S.I.D.A. se transforma en el nombre de la enfermedad infecciosa - AIDS/SIDA - causada por el retrovirus identificado como VIH - Virus de Inmunodeficiencia Humana -.

Actualmente el SIDA es una pandemia que, según la OMS, se extiende por el planeta siguiendo pautas distintas; así en el primer mundo se han visto especialmente afectados desde la aparición del virus los varones homosexuales y los usuarios de drogas por vía parenteral. Más tarde se ha ido incrementando la transmisión de la enfermedad por vía heterosexual. En el Caribe y el Africa subsahariana, las formas de transmisión son fundamentalmente las relaciones heterosexuales. En el sudeste asiático, la enfermedad irrumpe más tarde - mediados de la década de los ochenta - si bien se extiende con inusitada rapidez fundamentalmente por medio de la transmisión heterosexual y el uso de drogas administradas por vía parenteral.
La breve pero intensa historia del SIDA ha desbordado los parámetros contemporáneos de percepción social de las enfermedades retrotrayéndonos a unos tiempos oscuros que creíamos olvidados.
Cuando parecía que estaba ala alcance de la mano la victoria definitiva sobre las enfermedades infecciosas el SIDA abrió un nuevo frente, justo en la retaguardia del sistema y de las consciencias. El VIH provoca una profunda crisis social que se extiende más allá de la propagación de la enfermedad afectando tanto a quienes la sufren directamente como a los que no. Junto a los esfuerzos de la ciencia por entender mejor el funcionamiento del VIH, por conseguir hacer del SIDA al menos una enfermedad crónica a la espera de poder curarlo, por lograr una vacuna que prevenga el contagio del virus, hay que potenciar la reflexión y el debate social para sensibilizar y dinamizar las consciencias respecto a una realidad que no es posible esconder. El SIDA ha reflotado problemas que van más allá de la patología y que afectan a la convivencia, las relaciones humanas, los principios éticos y políticos. Nos interesa debatir y extender el debate en la dirección de las problemáticas sociales que la enfermedad ha puesto de manifiesto, el VIH se ha extendido más allá de las personas que por una u otra razón han sido infectadas, hasta el extremo de modificar comportamiento y hábitos. Ha entrado, sin estar muchas veces realmente presente como infección, en la fábrica, en la escuela, en los medios de comunicación..., en múltiples ámbitos de la actividad humana. Ha afectado de forma distinta a hombre, mujeres y niños. Ha penetrado en los países pobres y en los desarrollados. Ha generado en suma reacciones globales de todo tipo salvo de indiferencia. Combatir el SIDA no ha de tener sólo como objetivo derrotar un virus, ha de ser también la ocasión de reflexionar y luchar contra enfermedades sociales oportunistas claramente estimuladas por la enfermedad. Este proyecto quiere ir en esa dirección y contribuir a este propósito a la vez que pretende estimular otras iniciativas en este sentido.
El proyecto AMAS quiere ser un elemento que contribuya en el proceso de investigación del proyecto a la vez que un elemento de información y discusión sobre la problemática VIH/SIDA que permita estimular otras iniciativas en este sentido.

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